El ruido en las ciudades se ha descontrolado; motores, construcciones, bocinas, música y notificaciones digitales crean un entorno en el que el ruido forma parte de la vida cotidiana. Lo que antes se percibía como un simple fondo hoy se reconoce como un factor con impacto directo en la salud auditiva y el bienestar general.
Por ello, es urgente la atención se enfoca en comprender los niveles de exposición al ruido y en identificar oportunamente sus efectos en la audición, como los traumatismos acústicos u indicios de sordera, en especial en ciudades como Querétaro, donde las industrias y el urbanismo descontrolado es urgente por controlar.
El Dr. Héctor López Nava, integrante del Área de Soporte Quirúrgico del sistema clínico MED-EL, indicó que la cultura de la salud auditiva en México y en muchas naciones en general es mala, pese a que el ruido en su hogar, sitio de trabajo y urbes es inadecuada y va en aumento. “La modernidad es más escandalosa que antes. Aunado a que la gente no se revisa”.
Señaló que las entidades industriales como Querétaro y el bajío, así como los Estados de la frontera norte, padecen de ruido excesivo como de ciudades más escandalosas. Sus ciudadanos deben soportar más de 80 decibeles. Una muestra es que al caminar en sus calles se debe hablar más fuerte o hasta gritar, pues el ruido de los coches, música, industria, etc., es muy alta”.
Ejemplificó que vivir en estas urbes con 80 decibeles es insano, pues los parámetros acústicos señalan que un sector como la minería tiene 70 decibeles. Lo cual, señala que es urgente el mitigar los sonidos excesivos. Por ello, los centros de trabajo deben cuidar a sus empleados, con los nuevos sistemas de audición, así como controles médicos en el sector.
Lamentó que muchos sistemas médicos del sector público en Querétaro, Guanajuato, u otras entidades, tienen inadecuados sistemas de salud auditiva. “Se estima que hasta un 20 por ciento de mexicanos tiene algún problema en su audición, pero solo 5 por ciento utiliza un dispositivo tecnológico que le ayude”.
Mencionó que una persona que note que confunde lo que platican a su alrededor; le tienen que repetir las palabras, u hasta llega a sentir mareos o vértigo, tiene que ir al médico. “Si bien, los adultos mayores es natural el confundir los sonidos. En el caso de los jóvenes, tienen que quitarse el miedo a asistir a un doctor y si es necesario adopten el uso de auxiliares auditivos”.
El sistema de salud MED-EL, señala que el 31% de los mexicanos nunca se ha realizado una prueba auditiva. Esta cifra evidencia un área de oportunidad por la falta de cultura de prevención y resalta la importancia de impulsar evaluaciones tempranas, que permiten detectar cualquier alteración de manera oportuna y mejorar significativamente los resultados de tratamiento.
Detalló que personas con diabetes e hipertensión tienen que prestar atención especial a su salud auditiva; así como los trabajadores de rubros mineros, industria, manufactura, construcción, principalmente. Sin olvidar que la pandemia de COVID-19 empeoró este padecimiento.
Por su parte, la Dra. María Fernanda Alderete, Médico Audiólogo y de Soporte Clínico en MED-EL, señala que “el ruido trasciende la categoría de simple molestia y se posiciona como un factor de riesgo acumulativo para la salud auditiva. La exposición continua a niveles superiores a 90 decibeles tiende a generar un deterioro progresivo en las células auditivas, en etapas iniciales con manifestaciones poco perceptibles. En este sentido, la detección oportuna resulta clave para evitar sordera”.
Por ello, se debe promover la reflexión sobre el impacto del sonido en la vida diaria y la adopción de medidas como el monitoreo del entorno sonoro y las evaluaciones periódicas de la audición. El Centro Nacional de Metrología (CENAM) advierte que la exposición a sonidos superiores a los 80 decibeles (dB) es capaz de afectar la audición. Como referencia, una conversación normal ronda los 60 dB, mientras que el tráfico urbano alcanza los 80 dB. Otros sonidos cotidianos superan ampliamente estos niveles: una motocicleta puede llegar a 100 dB, maquinaria de construcción y sirenas a 110 dB, y el despegue de un avión hasta 150 dB.
La pérdida auditiva inducida por ruido se posiciona como uno de los principales desafíos de salud. Esta se clasifica en dos tipos: el traumatismo acústico agudo o crónico, derivado de exposiciones intensas y breves —como explosiones o disparos— que pueden causar daños inmediatos; y el traumatismo acústico permanente, resultado de la exposición continua a altos niveles de ruido, común en entornos urbanos o laborales, que provoca un deterioro progresivo e irreversible.
El impacto del ruido no se limita a la audición. También se manifiesta a través de síntomas como estrés, dolores de cabeza, alteraciones del sueño, taquicardia e hipertensión. Estas señales, lejos de ser aisladas, se relacionan con una exposición constante a entornos sonoros elevados y deben considerarse como un llamado de atención.
Ante este panorama, la innovación en salud auditiva adquiere gran relevancia. Actualmente, existen soluciones especializadas —como audífonos, implantes cocleares, sistemas de conducción ósea e implantes de oído medio— que, a partir de una valoración adecuada, pueden adaptarse a distintos niveles de pérdida auditiva y necesidades específicas.
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