La agresión de artesanos en la capital del estado es uno de los temas más álgidos de las últimas semanas que más raja política y mediática genera para todos los interesados e involucrados.
Es secreto a voces que hay grupos de comerciantes inmiscuidos que ni son artesanos ni son de los pueblos originarios. Hay gente que sí vende productos que bien merecen denominación de origen pero también hay otras personas lucran con artesanías muy piratas que por sus características orientales hacen dudar al menos experto.
Es secreto a voces también que los dueños de los locales establecidos afectados por el comercio informal tratan de finiquitar a la brevedad y a su favor el conflicto con las autoridades municipales porque son empresarios de peso o políticos muy influyentes pero protegidos por el manto de la discreción y anonimato.
Mientras todo eso pasa, como baile veneciano de las mascaras, la oposición lleva el tema a la “mañanera” de Palacio Nacional; el Congreso estatal exhortan a las autoridades municipales y estatales a detener de inmediato el acoso y hostigamiento contra los pueblos originarios; los responsables del tema suspenden inspectores y desde el cabildo proponen nuevo lugares para el comercio público.
Bien dice un aforismo: “La administración de la crisis o el conflicto siempre genera réditos”.
Es secreto a voces que hoy se busca a largar el conflicto para que mañana sea una bandera electoral con tintes sociales.
