Por: Javier Esquivel. Luego de una época de exitosas campañas de marketing político, que los hiciera memorables y posicionarse como un partido de alta rentabilidad electoral, Movimiento Ciudadano, el partido naranja, hoy se encuentra entrampado en la caducidad de sus estrategias de comunicación.
Por un lado, buscan persuadir a millones de electorales sin preferencia partidista con mensajes intermitentes y titubeantes en los que se autodefinen como la tercera vía progresista, independiente y diferente al tradicional sistema de hacer política.
Pero, por el otro, al reverso de la moneda, no han podido desterrar esa imagen y percepción pública de ser un partido de un solo hombre, de un solo tomador de decisiones.
No han podido, al igual que Morena, comunicar con claridad su política de ingresos a sus filas, en las que se pueden ver exgobernadoras del PRI y PRD, exfuncionarios de gobiernos panistas, ex militantes menospreciados por otros partidos y por muchas otras personalidades que quizá ven en Movimiento Ciudadano la última oportunidad de sus carreras para hacer política.
Ser distintos, el no ser iguales a los demás, también implica comunicar diferente.
La política de comunicación del partido naranja ha centrado más sus objetivos en posicionar a personalidades y no a las muchas soluciones que seguramente han generado para las más de 14 millones que gobiernan.
En el análisis de diversas encuestas se puede advertir que la valoración medianamente aprobatoria de sus gobiernos tiene sustento en la popularidad de sus gobernantes y/o de sus esposas, más no por la aprobación satisfactoria de los resultados de sus gobiernos.
Gobernantes populares y estridentes mediáticamente no es sinónimo de buenos gobiernos que den respuesta a las necesidades y preocupaciones más urgentes de sus habitantes, prueba de ello es Jalisco, donde la intención y preferencia de voto de los ciudadanos a nivel estatal no pertenece al movimiento naranja.
Hoy la tendencia e inclinación del voto en las más importantes ciudades de Jalisco y tanto como en Nuevo León es de Morena, con lo que se hace valido el aforismo que dice que: “Cuando se percibe que las necesidades de la gente no son atendidas, se motiva al cambio”.
En los 32 congresos estatales solo tienen 60 representantes. Sus nichos más fuertes se encuentran en Jalisco con 16 curules y 11 en Nuevo León, sin que por el hecho de ser factor de mayorías hayan destacado o mejorado su posicionamiento o coadyuvado en la imagen de sus gobiernos.
La comunicación legislativa en ambos estados ha estado ensombrecida por la figura de sus gobernadores. Las y los diputados no han podido ganar un espacio notorio, positivo y propio en la agenda pública local. Sus niveles de eficiencia y representatividad, confianza y cercanía descienden al igual que la aprobación de sus mandatarios.
En el ámbito federal no es diferente. Las y los 27 legisladores federales no han podido construir un posicionamiento único de grupo o en lo individual que les permita conectar, comunicar y convencer a sus públicos electorales.
El discurso anti lopezobradorismo que abanderan no es suficiente, palidece y caduca cuando se niegan con fundamentos contundentes a participar en el Frente Amplio por México.
Todos esos esfuerzos deslucen aún más cuando declinan a competir en elecciones estatales por no ser competitivos.
Muchos son los claroscuros de Movimiento Ciudadano en materia de comunicación. En los próximos días sabremos si finalmente competirán solos en el proceso electoral o lo harán en grupo con la oposición, pero sobre todo cómo lo comunican.
La esperanza de lograr una efectiva comunicación se hace todavía más lejana cuando el líder único riñe con la disidencia interna que busca fuero parlamentario.
Difícil también se antoja que busquen ser una comunicación competitiva al anunciar que participarán con una candidata mujer a la presidencia.
La exgobernadora de Yucatán y la Senadora Kempis pudieran ser excelentes candidatas, pero hoy de ser nominadas arrancan tarde en la contienda, sin mensaje, relato e imagen electoral aun el reto se hace mayor.
Será que veamos una naranja partida en dos rodando en la pista electoral del 2024 o una naranja mallugada de sabor agridulce con un mismo dueño que participa como juez, que decide, que negocia espacios legislativos y candidaturas para sus cercanos y que al mismo tiempo compite por la Presidencia de la República.
Todo es posible. Es tiempo de estrategia, es tiempo de campañas.
@javoesquivel.
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