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Un niño, una señora y yo… ¡golpeados! Aquí foto del agresor

Santiago de Querétaro, Qro.- Un sábado más… 24 de enero de 2025, me dispuse a ir desayunar con unos compañeros del Diplomado que estudio. Al terminar los alimentos nos dirigimos al recinto. Terminó el curso y, como parte de las actividades teníamos una visita pendiente al puente de la avenida Corregidora. Lo van a demoler y queríamos tener registro histórico con fotografía. Nos dirigimos a la vieja estación del tren y caminamos por la Calle Héroe de Nacozari y doblamos a la izquierda, a la calle de Invierno, justo ante las vías del tren.

Nos encontramos con un tipo intoxicado de aproximadamente 45 años de edad de un metro con 65 centímetros de estatura, moreno claro, quien cargaba una mochila y agredía verbalmente a las personas que esperaban que el tren cruzara por las vías para acceder al Barrio de El Tepetate. Tras retirarse el tren nos apostamos sobre las vías para tomarnos la fotografía (yo, el fotógrafo). Al tirar dos disparos de la cámara del celular, sentí como me abrazaron por detrás, me comenzaron a golpear en el pecho y a querer tirarme. Era el mismo tipo antes mencionado, con una fuerza desmedida de la cual me pude zafar sin caer… yo con la camisa rota ya sin botón. Lo enfrenté para que se alejara y me puse en guardia.

Mis compañeros del diplomado lo vieron todo… un tipo de gorra azul de aparente mezclilla, camisa azul marino con un estampado color amarillo y pantalón azul, con la mirada perdida. Alcancé a apreciar que tenía cataratas prominentes en ambos ojos, una mirada que me permitió ver la maldad en el interior, penetrante, enfurecida. Su mochila rota, tras zafarme de él, salió al otro lado de las vías del tren. Unos vivales se la llevaron mientras veían la escena.

Mis compañeros me rodearon, para impedir que las cosas pasaran a mayores. Se hizo tumulto. Personas a mi alrededor decían que acababa de agredir con golpes a una señora y un niño… En ese momento la furia se apoderó de mí. No por lo que me hizo, sino por lo que había hecho. Mis compañeros me detuvieron, pero el agresor estaba tras otras personas. No paraba. Incluso ya iba tras otras compañeras que quedaron del otro lado de las vías. No pude hacer más, me tranquilicé.

De entre el tumulto salió una señora, quien me manifestó que hacía unos minutos habían llamado a la policía. Sin embargo, tomé mi teléfono celular y también llamé al 911. En una primera llamada se cortó a la mitad, en una segunda me respondió una operadora, que tomó todos los datos del incidente y del agresor. Así como la dirección que tomó tras la presión de la multitud presente. A lo lejos, en la estación del tren, un niño llorando, había sido el agredido. Cerca, la hija de una compañera estaba llorando asustada, por lo que me sucedió.

Al lugar llegó una patrulla municipal con dos agentes, quienes atendieron la denuncia. Afirmaron que harían una búsqueda en la zona. Muchos en el lugar se habían armado de piedras de las propias vías, lo que había provocado que el agresor se fuera caminando con dirección al Centro Histórico.

Hoy reflexiono que la distancia entre solo unos golpes y algo más grave fue que el agresor no venía armado. El ataque fue cobarde, imprevisto.

Los elementos de la policía afirmaron que de atrapar al agresor me llamarían, han pasado ya tres horas de esto y la llamada no ha llegado.

Querétaro no está libre de drogas, ni de violencia, ni de delincuencia… basta salir a la calle a las tareas diarias para darse cuenta.

Aquí el agresor, fotografía tomada por una persona en el lugar:

En la foto: Yo detrás de la cámara, mientras me agredía la persona intoxicada. Mis compañeros reaccionaban ante los golpes.

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