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La misa puede esperar en el 106 aniversario de la Constitución

El estado laico se impuso sobre la religión y la seguridad se antepuso a las demandas sociales, por lo menos 12 horas. Y es que la celebración del 106 aniversario de la Constitución Política de México fue para un círculo rojo que sacó el “machete y el sombrero” para darse con todo y mostrar sus diferencias ideológicas, mientras el pueblo, el bendito pueblo cambió sus hábitos dominicales.

Un fuerte operativo de seguridad se desplegó alrededor del Teatro de la República, donde pocas personas lograron pasar las vallas para tener acceso a la zona que se convirtió en la más resguardada del país por algunas horas. No sólo congregó a los asistentes a la celebración de la Carta Magna, sino a los integrantes de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago).

Pero el pueblo, el bendito pueblo pagó los platos rotos. Las personas cuyos trabajos se encontraban en la zona Centro reclamaban a los oficiales y militares en tono de desesperación y quizá enojo, la falta de acceso, las largas caminatas, la falta de transporte.

La súplica pareciera no escucharse por algunas horas, por lo menos hasta que mostraron cierta flexibilidad. La seguridad tuvo diversos fallos en su actuar. En discusiones ‘internas’ se argumentó que el dispositivo contempló los equipos de los asistentes al evento, choferes, autos, proveedores, etc, menos a la gente, a los trabajadores, a los turistas.

-“Vengo a mi trabajo, necesito que me dejen pasar, aquí está mi credencial”.

-“No puedo, tengo la instrucción de no dejar pasar, solo a personal autorizado”.

Así fueron los jaloneos en las vallas. Sin embargo los alegatos más aguerridos, los más duros, los que hacían enmudecer eran los de algunas mujeres, muchas adultas mayores, que exigían el paso pues las campanas habían sonado y tenían que acudir, como todos los domingos, a la tradicional misa en el Templo de San Antonio de Padua, al de San Francisco de Asís, a las iglesias del Centro de la ciudad de Querétaro.

A pesar de la explicación del equipo de seguridad, estaban dispuestas a todo para pasar esa valla, esa reja infernal. Dios no espera, y el sacerdote tampoco. La misa va o va. Andrés Manuel López Obrador y Mauricio Kuri sí pueden esperar.

A la par de las mujeres religiosas, en la esquina de Venustiano Carranza y Juárez, otro grupo de personas peleaban para ingresar. Querían ser escuchados por el presidente Andrés Manuel López Obrador sobre la falta de agua, decían; sobre la “Ley de Aguas”, sobre los “narcoLandas” que dominan Juriquilla, aseguraban, sobre los medios comprados en Querétaro, advertían (quizá sin saber que casi a la misma hora, Lord Molécula trataba de adoctrinar a la prensa).

En otra esquina, un pequeño grupo pedía un voto de castigo al Partido Acción Nacional (PAN), ante los supuestos tropiezos del gobernador de Querétaro Mauricio Kuri. Quizá sin saber que los tropiezos, directas e indirectas estaban al interior del Teatro de la República.

El pueblo, el bendito pueblo que aprovechó el puente del 5 de febrero se topó con un Centro cerrado, con calles bloqueadas, con estacionamientos llenos o repletos de camionetas blindadas, de sitios tradicionales abiertos pero inaccesibles.

Muchos de políticos locales extrañaron tener una cámara y un micrófono al frente, pues ante el desfile de los ‘peces gordos’ de la política mexicana, algunos miembros de la prensa cambiaron el rol y fueron ellos quienes ahora los dejaron en espera.

Dos Méxicos, dos querétaros, dos sectores, una misma celebración, pero con vallas y guardias de por medio.

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