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La discapacidad no es el problema, lo es la indiferencia.

La discapacidad no es el problema, lo es la indiferencia.

Por Rafael Pérez Habib

Hay días que no deberían pasar desapercibidos. El Día Internacional de las Personas con Discapacidad es uno de ellos, no es un trámite simbólico es una pregunta que nos confronta ¿cómo tratamos a quienes viven una realidad distinta a la nuestra?

La discapacidad no es un fenómeno ajeno puede nacer con nosotros o llegar con el tiempo. Un accidente, una enfermedad, la edad. Es quizá la única condición humana que puede alcanzarnos a cualquiera, sin embargo seguimos actuando como si fuera una historia que siempre le ocurre a otros.

Hace años conocí a “Unidos” una organización que trabaja por la inclusión real. Con ellos viví una de las experiencias más reveladoras que recuerdo. Un desayuno a ciegas, nos vendaron los ojos desde que nos sentamos. Servir café, distinguir un vaso, buscar los cubiertos y de pronto todo tenía dificultad, lo esencial era evidente la fragilidad cambia de lugar cuando cambia la perspectiva.

Lo más valioso vino después en cada mesa había sentada una persona con discapacidad visual. Fueron ellos quienes nos guiaron, quienes nos explicaron cómo orientarnos, quienes nos enseñaron a mantener la calma. Los que supuestamente iban a ser ayudados terminaron mostrándonos el camino una lección profunda la discapacidad no anula capacidades.

Es la sociedad la que, a veces las niega. Durante años y no sólo en México hubo familias que escondieron la discapacidad no por falta de amor sino por una cultura que castigaba la diferencia. Ese silencio aislaba más que protegía, hoy hay mayor conciencia aunque persisten entornos donde la discapacidad se vive en voz baja.

La exclusión no siempre viene de afuera a veces empieza en casa impulsada por miedo o vergüenza aprendida. En otros países la ruta ha sido distinta. Europa occidental y los países nórdicos entendieron que la inclusión no es caridad es infraestructura, cultura y presencia. Rampas que sirven, transportes que funciona, escuelas que integran. Empleos que respetan no se trata de atender se trata de incorporar, pero incluso allá existió un tiempo de ocultamiento familiar.

La diferencia es que la cultura corrigió el rumbo. México avanza, sí, pero no al ritmo que la dignidad exige. Hay esfuerzos visibles y organizaciones como “Unidos” que abren camino pero también hay ciudades que siguen poniendo obstáculos, trámites que excluyen y miradas que reducen a una persona a su condición. Y conviene decirlo con claridad no hay peor discapacidad que la ignorancia.

La verdadera discapacidad no está en las personas, está en la mirada en la indiferencia en la forma en que decidimos ver o no, ver a quienes viven una realidad distinta a la nuestra. La discapacidad no define a una persona. Nuestra respuesta ante ella sí define a la sociedad.

 

Lo demás… es indiferencia. #QuéCosa!

Rafael Pérez Habib

Abogado, comunicador y sobreviviente de cáncer. Siempre hay algo que decir. Ius Semper Loquitur

@perezhabib

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