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México

Día de Muertos y Halloween 16% más caro que el 2025

Octubre le da la bienvenida a noviembre con calaveritas, pan de muerto, altares, disfraces y fiestas; entre el deseo de preservar nuestras tradiciones y sobradas ganas de celebrar las de otros como el Halloween, las familias mexicanas comienzan a calentar motores para calcular sus presupuestos de una larga lista de gastos por venir del tradicional maratón Guadalupe-Reyes-Candelaria. La Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC), como es costumbre, realizó un sondeo de mercado para conocer cuánto costará este año participar en estas festividades.

En el caso del Día de Muertos, poner el altar representa uno de los gastos centrales de la celebración. Entre fotografías; veladoras ($280.00 cuatro piezas); flores de cempasúchil ($410.00); adornos ($580.00) como papel picado, manteles, caminos de mesa, guirnaldas, etc.; calaveritas ($43.00); pan de muerto ($30.00); alimentos ($680.00); bebidas ($418.00) como tequila, cerveza y agua, y sal ($39.00), montar el altar en esta ocasión tendrá un costo promedio de $2,480.00, una variación al alza de 16.15% frente a 2025, que costó $2,135.00.

A este desembolso se suman los gastos de visitar a los deudos en el cementerio: traslado al panteón ($300.00 a $400.00), compra de flores ($300.00 a $400.00) y limpieza o acondicionamiento de las tumbas para honrar a los que se nos adelantaron ($550.00).

“Otro de los protagonistas de la temporada es el pan de muerto, que cada año llega a las mesas mexicanas en una amplia variedad de presentaciones, tamaños y sabores. Su precio depende del lugar de compra y del tipo de pan, desde las piezas tradicionales hasta las versiones rellenas y de especialidad que ofrecen panaderías locales, franquicias y supermercados”, destacó Cuauhtémoc Rivera, presidente de ANPEC.

En el sondeo encontramos los siguientes precios: panaderías locales: presentación tradicional por tamaño de $18.00 a $180.00 y rellena de $33.00 a $225.00; franquicias: presentación tradicional por tamaño de $36.00 a $300.00 y rellenas de $60.00 a $400.00 y supermercados: presentación tradicional por tamaño de $35.00 a $210.00 y rellenas de $40.00 a $260.00. Esto representa una variación de precio promedio de 19% respecto al año anterior.

Por su parte, Halloween se ha consolidado como una celebración que también mueve la aguja del mercado. Para quienes salen a pedir dulces, el disfraz es obligado y representa un gasto de $600.00 a $900.00, mientras que organizar una fiesta para 10 personas implica sumar otros gastos, como son botanas $1,100.00, bolsas de dulces $750.00, bebidas (refrescos, cerveza, tequila) $3,500.00 y decoraciones $1,400.00 para un total de $6,750.00, un alza de 16% frente a los $5,850 del 2025.

“Si el tiempo vuela, el mercado va a velocidad de la luz. Mientras terminamos este reporte de precios sobre Día de Muertos y Halloween, tenemos la sensación de que el año prácticamente acabó. No sólo porque el pan de muerto lleva semanas en los aparadores, sino porque ya están a la venta los artículos navideños e increíblemente comienzan a aparecer las primeras roscas de Reyes. La vida se nos va en un sorbo y esta aceleración obedece en parte a la era de incertidumbre inflacionaria que vivimos”, explicó Rivera.

La inflación no es un fenómeno exclusivo de México. En estos días en distintos países de Europa, como Italia, Francia y España, la población ha salido a manifestarse contra la carestía; lo mismo ocurre en Estados Unidos, que el próximo martes 3 de noviembre vivirán los llamados comicios de medio término, considerados entre los más polarizados de su historia reciente; el pueblo estadounidense se apresta a emitir un voto de castigo por los estragos de la inflación que les toca vivir con un mercado al alza.

En México tampoco cantamos mal las rancheras y, como reza el refrán, “cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”. En la primera quincena de octubre, la inflación anual se aceleró a 3.62%. En la era post COVID, seguimos pagando una factura económica muy elevada y dolorosa, la de la inflación acumulada, que ya representa un 50% de incremento promedio en los precios de alimentos y servicios. “Decimos que es el impuesto más doloroso porque golpea con mayor fuerza a la población más vulnerable del país, al 40% de los mexicanos que, de acuerdo con el rostro demográfico actual, representa a más de 50 millones de personas, distribuidas en aproximadamente 15 millones de los 37 millones de hogares que hay en nuestro país. Ellos son la base de la pirámide social, la que destina hasta el 90% de sus ingresos para la compra de alimentos y que, pese a todo, sigue imprimiendo ese sello de resiliencia que nos distingue”, refirió Rivera.

Los reportes de precios de los alimentos que ANPEC realiza mes a mes buscan llamar la atención de la opinión pública y publicada y poner en foco rojo este aspecto de la vida social, pues la realidad es que el balance siempre arroja el mismo resultado: al final del día, siempre son los mismos, “los de abajo”, la ciudadanía de a pie, quienes cargan con la parte más pesada de la vida.

No cabe duda de que los mexicanos tenemos una enorme capacidad de resistencia, aguantamos mucho, incluso a ratos el hambre. INEGI identificó en 2024 a 18.8 millones de mexicanos con carencia por acceso a una alimentación nutritiva y de calidad. Esta es la cara más dolorosa de la carestía: familias que hacen rendir cada peso, ajustan su consumo y, aun así, enfrentan dificultades para alimentarse adecuadamente, viviendo momentos de hambre en su día a día.

En este contexto, el Día de Muertos adquiere una dimensión especial. En el surrealismo mexicano, la muerte tiene un lugar en nuestra mesa, vivimos siempre sabiendo que vamos a morir, un rasgo cultural que nos distingue de muchas otras culturas, nuestra veneración a la muerte a grado de celebrarla es una expresión que habla de nuestra identidad y de esa resiliencia que nos permite levantarnos aun en los momentos más difíciles; sin embargo, se debe decir que hoy hasta los muertos resienten el flagelo de la inflación en su celebración.

Pero no hay que abusar, porque “tanto va el cántaro al agua hasta que se rompe”, diría el respetable. A partir de estas festividades entramos con tensión al tobogán de consumo del maratón Guadalupe-Reyes-Candelaria. Tendremos un cierre de año caliente, de ventas apretadas y peleadas, dejándose ver venir una cuesta de enero prolongada que va a dar hasta marzo, como en los últimos años.

En este entorno económico adverso, el dispendio de las campañas políticas de las próximas elecciones seguramente generará malestar entre la población. Ser testigos del escaso talento de muchos candidatos que, torpemente, buscarán el voto popular a golpe de prebendas será como echarle más leña al fuego, avivando la irritación de una ciudadanía que todos los días batalla para salir adelante.

“La conciencia colectiva no podrá ignorar este insulto, mientras millones de mexicanos batallan todos los días para llevar la papa a la casa, los partidos y sus personeros andarán despilfarrando 50 mil millones de pesos buscando comprar el voto y recuperar simpatías perdidas. Este dispendio, no hará más que evidenciar el divorcio que existe entre la política y la sociedad, la gente resuelve sus necesidades con base a trabajo y esfuerzo y ve con encono cómo se gastan recursos millonarios en elecciones que no logran conectar con la voluntad popular; la abstención igual será la bofetada con guante blanco que la población dará como respuesta”, describió Rivera.

La política en general le queda a deber mucho a los mexicanos. Al margen de colores, ideologías, mayorías y minorías, el balance es un acumulado de promesas no cumplidas a la población que explican el desencanto de la gente con la política y es el orgullo nacional el que compensa esta debilidad, el que levanta al pueblo trabajador, lo vuelve resiliente y lo hace seguir adelante ante cualquier adversidad.

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