La Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC) considera necesario establecer un balance y prospectiva de cómo se percibe el cierre de este partido. Para poder armar una fotografía con la mayor nitidez posible, es menester anotar que el primer cuarto del año ha sido uno de los más difíciles de los últimos tiempos.
“La cuesta de enero se convirtió en una verdadera pendiente empinada trimestral para los consumidores mexicanos, la inflación y la carestía se volcaron contra los bolsillos de las familias. La elevación de precios de productos esenciales, básicos y de alta demanda sigue siendo una constante; el tomate, los cítricos, el huevo y la papa dan cuenta de este maratón inflacionario que golpetea severamente el poder de compra de millones de hogares”, apunto Cuauhtémoc Rivera, presidente de ANPEC.
Por otro lado, la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) decidió actuar con cautela y detener el proceso de reducción de las tasas de interés al considerar que se viven tiempos inciertos. Esta decisión del principal banco central del mundo contrasta con la desesperada narrativa que el Banco de México ha tratado de construir al reducir la tasa de interés con el argumento de que la inflación se encuentra bajo control estructural y, con ello, consolidar su mensaje de estabilidad económica para el país.
El segundo trimestre estuvo aderezado por las expectativas generadas alrededor del Mundial de Futbol, con proyecciones que hablaban de la llegada de más de cinco millones de turistas y una derrama económica que rondaría los 2,500 millones de dólares. No obstante, conforme el torneo comienza a agarrar vapor, se ve complicado alcanzar las cifras inicialmente previstas, tanto en número de visitantes como en niveles de consumo. Además, cualquiera que sea el balance de esta justa deportiva, no debemos perder de vista que se trata de un fenómeno coyuntural; terminado el torneo se apagan las luces y el efecto económico se desvanecerá, como también ocurriría cuando la Selección Nacional quede eliminada, el interés popular por el Mundial disminuirá de facto.
Si se continúa ampliando el enfoque de esta fotografía, se debe registrar también el factor estacional. Este año es atípico por los picos climáticos asociados al fenómeno de El Niño. Para julio y agosto se anticipa una canícula extremadamente calurosa, sin precedentes, con altas temperaturas que provocarán apagones eléctricos, problemas de abasto de agua potable en diversas regiones del país y elevados recibos de luz, convirtiendo ese bimestre en un auténtico infierno, literalmente.
Y mientras esto ocurre, el escenario internacional tampoco ofrece tregua. La guerra que Estados Unidos le ha declarado a Irán sigue sin encontrar una ruta clara hacia la paz. Cuando parece que las tensiones comienzan a disminuir, horas después regresan con mayor intensidad. Esta inestabilidad presiona al mundo entero por las implicaciones que tiene sobre el estratégico estrecho de Ormuz y, por ende, sobre los precios internacionales de los productos y, desde luego, de los hidrocarburos.
Otra turbulencia de este vuelo anual es la incertidumbre en torno al T-MEC. Todo apunta a que no se logrará concretar en los tiempos originalmente previstos y no han faltado voces en Estados Unidos que plantean abandonar el acuerdo trilateral con Canadá y México por no ser rentable.
No se debe dejar de mencionar que la ofensiva contra los cárteles del narcotráfico, tras haber sido catalogados como organizaciones terroristas por parte de Estados Unidos, mantiene en vilo la soberanía y la estabilidad de nuestro país. Nunca como hoy la vecindad entre ambos países ha estado tan minada y conflictuada.
Y, sin ánimo de provocar, también vale la pena preguntar ¿qué quedó del momentum económico del nearshoring? De la noche a la mañana desapareció de la conversación pública, ya no se habla de ello porque toda esta cascada de riesgos y toneladas de incertidumbre terminaron por sepultar aquel prometedor momento que anunciaba la relocalización de empresas instaladas en Asia hacia México, aprovechando su cercanía con Estados Unidos; esta oportunidad terminó por diluirse.
“Por todos estos factores podemos afirmar que el cierre de 2026 se vislumbra complicado, con una inflación alimentaria todavía al alza, un consumo cauteloso y una sensación térmica colectiva de la economía de plena incertidumbre”, señaló Rivera.
Un paralelismo poco afortunado de este reporte, a propósito del Mundial, lo simboliza la pausa de hidratación de un partido disputado bajo un calor abrasador de 45 grados. Una pausa necesaria para recuperar el aliento, pero insuficiente para modificar el marcador o aliviar las condiciones adversas en las que se está jugando el encuentro porque, si algo deja ver el panorama de la segunda mitad del año, es que el segundo tiempo se jugará bajo circunstancias todavía más complejas y con una mayor incertidumbre que, hasta ahora, no deja ver la luz en el camino.
