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Querétaro en ciernes de ser una potencia en bioplásticos

En México, de acuerdo con el Informe del Acuerdo Nacional para la Nueva Economía del Plástico en México, de las cerca de 1.6 millones de toneladas de plástico destinadas a envases y empaques, el 76 por ciento ya incorpora criterios de reutilización, compostabilidad o biodegradabilidad. Esto refleja que el mercado está transitando hacia soluciones con mayor circularidad.
En relación a la presencia de la industria de bioplásticos como consumo de los mismos en el estado de Querétaro, explicó que “el Bajío tienen características muy favorables para acelerar la adopción de bioplásticos, por ejemplo, tiene una fuerte presencia industrial, cadenas logísticas desarrolladas, crecimiento del sector alimentario y un creciente apremio por cumplir objetivos ESG y de sostenibilidad, declaró Gisela Galicia, presidenta de la Asociación Mexicana de Bioplásticos (AMBio).
Además, Querétaro y sus vecinos son una región donde convergen manufactura avanzada, agroindustria y exportación, sectores que cada vez enfrentan mayores exigencias internacionales relacionadas con circularidad y reducción de residuos.
“El reto sigue siendo fortalecer infraestructura de manejo de residuos y homologar criterios regulatorios. Muchas empresas ya buscan migrar hacia soluciones más sostenibles, pero necesitan certeza técnica y reglas claras que eviten confusión en el mercado. La oportunidad del Bajío también incluye convertirse en un nodo estratégico de innovación y transformación industrial para América Latina”, dijo.
Especificó que “Estados como Querétaro, con su alta presencia de industrias y población en crecimiento, es un buen sitio para consolidar el uso de bioplásticos y definitivamente. La entidad tiene condiciones muy interesantes para consolidar proyectos vinculados con economía circular y nuevos materiales.
Querétaro es un estado con crecimiento industrial acelerado, alta atracción de inversión, desarrollo logístico y fuerte presencia de sectores como alimentos, automotriz, aeroespacial y manufactura avanzada. Todo eso genera presión sobre los sistemas de residuos, pero también incentivos para innovar. No debemos olvidar que conforme crecen las ciudades y el consumo, también aumenta la necesidad de soluciones más eficientes para manejar residuos orgánicos y empaques”.
Agregó que de articularse la industria, gobierno, academia y operadores de residuos, Querétaro podría consolidarse como un referente regional en gestión circular de residuos y adopción responsable de bioplásticos.
“A nivel nacional, muchos residuos asociados a alimentos terminan contaminados y resultan difíciles de reciclar mecánicamente. En esos casos, los materiales compostables certificados permiten gestionar conjuntamente residuos orgánicos y ciertos empaques en sistemas de compostaje industrial”, declaró.
Indicó que México atraviesa un momento clave en la discusión sobre residuos, economía circular y materiales sustentables. La conversación ya incluye cómo construir sistemas de gestión de residuos más eficientes y resilientes. En ese contexto, los bioplásticos empiezan a consolidarse como una alternativa viable para ciertas aplicaciones, especialmente aquellas donde el reciclaje mecánico resulta complejo, como empaques contaminados con alimentos o productos de un solo uso.
Detalla que existe mucha confusión técnica alrededor de conceptos como “biodegradable”, “compostable” o “biobasado”, aunado a que el gran reto del país consiste en garantizar infraestructura, separación adecuada y normas claras para que estos materiales funcionen dentro de esquemas reales de economía circular.
Actualmente, México ya cuenta con bases técnicas y regulatorias importantes, como la NMX-E-273-NYCE-2019, además de instrumentos como el Programa de Gestión Integral de Residuos (PGIR), el Plan de Acción Basura Cero y la Ley de Economía Circular de la Ciudad de México, que han ayudado a abrir la discusión sobre compostabilidad, valorización de residuos orgánicos y nuevos materiales. El siguiente paso consiste en traducir esos marcos regulatorios en infraestructura, separación eficiente y modelos operativos que funcionen a escala.
El crecimiento responde a una necesidad estructural, pues México enfrenta una fuga estimada de 3,685 toneladas de plásticos al ambiente cada día, mientras alrededor del 50 por ciento de los residuos urbanos son orgánicos mal gestionados. En donde, los materiales compostables certificados ayudan a conectar mejor el manejo de residuos orgánicos con soluciones de economía circular.
Acepta que México todavía no cuenta con una medición nacional consolidada y pública sobre el volumen total de bioplásticos consumidos, precisamente porque es una industria en consolidación y muchos materiales aún se clasifican dentro de categorías generales de plásticos. Los bioplásticos tienen más uso en industrias de logística, bolsas, aditamentos de alimentos y delivery.
“Sin embargo, con datos estimados de nuestros agremiados, podemos indicar que, en 2025, la producción de plásticos en el país es de más de 3.5 millones de toneladas anuales, pero el consumo del material se sitúa por encima de los 7 millones de toneladas”.
En relación al desarrollo de una industria propia de bioplásticos, explicó que se cuenta con empresas enfocadas en la transformación como en investigación aplicada, que impulsan formulaciones, productos compostables y soluciones adaptadas al contexto regulatorio y operativo del país. “Algunas de las resinas o biopolímeros base, como PLA, PBAT o algunos PHA, provienen principalmente de mercados internacionales, ya que la producción global sigue concentrada en Asia, Europa y Estados Unidos. Aun así, México fortalece capacidades técnicas, académicas e industriales. Actualmente existe colaboración entre industria, universidades, organismos certificadores y asociaciones para desarrollar soluciones locales”.
Sobre las diferencias de los bioplásticos a los polímeros normales, abunda que una de las principales ventajas de los primeros es que pueden diseñarse para integrarse a esquemas de aprovechamiento orgánico, como el compostaje industrial, permitiendo gestionar conjuntamente residuos alimenticios y empaques compostables. Esto resulta particularmente útil en aplicaciones donde el reciclaje mecánico es difícil, por ejemplo, empaques contaminados con restos de comida.
Además, algunos bioplásticos cuentan con propiedades compostables bajo condiciones específicas controladas, lo que permite que, al final de su vida útil, puedan transformarse en CO2, agua y biomasa mediante procesos biológicos. Esto ayuda a disminuir la permanencia de residuos y la generación de microplásticos persistentes en ciertos entornos.
Precisó que “bioplástico” es un término amplio: un material puede ser biobasado, biodegradable o ambas características al mismo tiempo. La biodegradabilidad depende de la estructura química del material y no necesariamente de su origen. Por ello, existen materiales biobasados que no son biodegradables, así como materiales de origen fósil que sí pueden ser biodegradables o compostables bajo condiciones específicas.
Sobre si México en adopción de bioplásticos camina en buena forma, ahondó que “se tienen varios avances, pero todavía enfrenta retos importantes. Existen avances relevantes en regulación, discusión técnica y participación empresarial, especialmente comparado con otros países de América Latina. Aun así, países europeos mantienen una ventaja importante en infraestructura para compostaje, separación de residuos y economía circular. Por ejemplo, Italia recupera hasta 95 por ciento de sus residuos orgánicos, mientras que México todavía enfrenta desafíos importantes en separación y disposición final.

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Redacción Efecto Qro