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La digitalización de las PYMEs no fracasa por falta de internet, sino por falta de seguridad 

La transformación digital de las pequeñas y medianas empresas suele centrarse en la adopción de plataformas en la nube, inteligencia artificial, comercio electrónico o sistemas de administración, cuando el verdadero centro es la infraestructura de conectividad. Una red inalámbrica diseñada sin administración centralizada o sin mecanismos de protección, puede convertir cualquier avance tecnológico en un riesgo operativo con pérdidas que oscilan entre 1.2 y 1.8 millones de pesos de pesos por incidente de ciberseguridad[1], una cifra que supera la capacidad financiera de miles de negocios mexicanos.

Las PYMEs representan el 99.8% de las unidades económicas del país, generan alrededor del 52% del Producto Interno Bruto (PIB) y aportan cerca del 68% del empleo nacional, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y la Secretaría de Economía. A pesar de su relevancia para la economía mexicana, muchas continúan impulsando su digitalización sobre redes de conectividad que no crecieron al mismo ritmo que sus operaciones.

Conforme las empresas incorporan puntos de venta, sistemas ERP, cámaras inteligentes, telefonía IP, aplicaciones en la nube, dispositivos móviles y herramientas colaborativas, la red deja de ser un servicio básico para convertirse en la infraestructura que mantiene funcionando prácticamente todas las actividades del negocio. Cuando esa base tecnológica presenta fallas o vulnerabilidades, las consecuencias pueden ir desde interrupciones en ventas y facturación hasta filtración de información o afectaciones a la continuidad operativa.

Durante 2025, México registró 58.1 billones de intentos de ciberataque, la cifra más alta reportada para el país, de acuerdo con FortiGuard Labs. Aunque los ataques suelen asociarse con grandes corporativos, las organizaciones de menor tamaño enfrentan un desafío particular: cuentan con menos recursos especializados para detectar configuraciones inseguras, actualizar equipos o monitorear amenazas de forma permanente.

A esta realidad se suma un proceso acelerado de digitalización. El Estudio sobre la Demografía de los Negocios (EDN) del INEGI muestra que cada vez más empresas incorporan canales digitales para comercializar productos y servicios, mientras que la ENDUTIH confirma un crecimiento sostenido en el uso de internet por parte de empresas y usuarios. Sin embargo, digitalizar procesos sin fortalecer la infraestructura que los soporta equivale a incrementar la superficie de exposición sin reducir los riesgos asociados.

“La transformación digital suele medirse por la cantidad de herramientas que incorpora una empresa, cuando el verdadero indicador debería ser qué tan preparada está su infraestructura para soportarlas de forma segura y continua. Muchas PYMEs invierten primero en aplicaciones y después descubren que su red no fue diseñada para operar bajo esas nuevas necesidades”, señaló Gustavo Valdez, director general de Ikusi en México.

Esta situación explica por qué la conectividad comienza a ser vista como un servicio estratégico y no únicamente como un gasto operativo. Más que adquirir equipos, las empresas buscan plataformas que permitan administrar múltiples sucursales desde un mismo panel, segmentar usuarios y dispositivos, identificar comportamientos anómalos, aplicar políticas de seguridad y mantener la operación disponible sin depender de personal técnico especializado.

Bajo esa lógica surgen modelos como Ikusi Shop, una plataforma que acerca infraestructura tecnológica mediante un esquema de Tecnología como Servicio (Technology as a Service). Este modelo permite que las pequeñas y medianas empresas incorporen soluciones empresariales de conectividad y ciberseguridad mediante pagos periódicos, eliminando la necesidad de realizar fuertes inversiones iniciales en hardware y facilitando la actualización continua de la infraestructura.

La tendencia también responde a una necesidad económica, de acuerdo con el Banco Mundial, las pequeñas empresas enfrentan mayores barreras para acceder a financiamiento destinado a innovación tecnológica, por lo que los modelos basados en servicios permiten acelerar la adopción digital sin comprometer liquidez ni capacidad de inversión en otras áreas del negocio.

“La conversación ya no debería centrarse en tener internet o cambiar el router cada cierto tiempo. La pregunta es si la infraestructura está preparada para soportar el crecimiento del negocio, proteger la información y mantener operando cada proceso crítico. La competitividad de muchas PYMEs dependerá de esa respuesta”, concluyó Gustavo Valdez.

Más que incorporar nuevas herramientas digitales, el reto para las pequeñas y medianas empresas consiste en construir una infraestructura capaz de sostenerlas. La transformación digital no termina cuando una organización migra sus procesos a plataformas tecnológicas; comienza cuando esa tecnología puede operar de forma estable, segura y preparada para crecer al ritmo del negocio.

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