Efecto Qro
Polo Industrial

Aumento de producción hasta en 6% y de recuperación de minerales hasta en 4% con tecnología

Durante años, el crecimiento de la minería se explicó por nuevos proyectos y grandes decisiones de capital. Esa lectura quedó corta, y no por un cambio de estrategia de la industria, lo que cambió fue la restricción: la geología y el acceso a capital dejaron de ser el cuello de botella principal, y su lugar lo ocuparon los permisos, el agua, la energía y la licencia social.

El patrón se expresa distinto en cada jurisdicción, en México el giro hacia lo existente no fue una elección: los nuevos desarrollos cayeron 49.2% en 2025 y no se otorgan nuevas concesiones desde la reforma de 2023. En Chile, Cochilco proyecta una cartera a diez años de US$104,549 millones, con 81% en reposición y expansión de minas activas. En Perú conviven ambos mundos: la cartera 2026 suma 66 proyectos por US$64,075 millones, de los cuales 36 son brownfield por US$23,471 millones, aunque lo que efectivamente avanza a construcción tiende a ser lo que ya cuenta con permisos. Y en Argentina va en dirección contraria, con cerca de 70% de su cartera en proyectos nuevos.

La conclusión útil no es que la minería haya girado en bloque, sino que, donde el crecimiento depende cada vez más de operaciones ya autorizadas, la productividad pasa a estar estrechamente ligada a la optimización de las capacidades existentes. En este contexto, distintos indicadores muestran que aún existe un amplio potencial para capturar valor adicional a partir de las inversiones realizadas en activos operativos.

“Se ha invertido mucho en los proyectos mineros que ya operan y la productividad no ha avanzado en la misma proporción, esto abre una discusión relevante sobre cómo capturar plenamente el valor de esas inversiones. En mi experiencia, la oportunidad está en reducir la distancia entre lo que el modelo recomienda y lo que efectivamente ocurre en el turno”. señala Sergio Campana, gerente de Negocios de Software para América Latina en Rockwell Automation.

La evidencia de que la brecha se puede cerrar existe y es regional, según datos públicos, en Cerro Verde, Perú, modelos de machine learning permitieron aumentar la producción de libras de cobre en 6.5% sin sacrificar la calidad del concentrado, optimizando el equilibrio entre tonelaje y recuperación de forma similar. Anglo American incrementó la recuperación de cobre entre 2% y 4%, aplicando inteligencia predictiva al tratamiento de relaves. Brasil lidera la región en aplicación de inteligencia artificial al sector, seguido por Perú.

El potencial también está documentado a escala global, de acuerdo con McKinsey & Company, los productores de cobre de América del Norte y del Sur, enfrentados a leyes decrecientes y costos crecientes, han sido pioneros en aplicar aprendizaje profundo y gemelos digitales para aumentar la capacidad de procesamiento y recuperación en concentradoras, pero el potencial no se captura solo.

“He visto operaciones mineras de control avanzado que no fallaron por el algoritmo, sino porque la instrumentación y la capa de datos sobre la que se apoyaban se dieron por supuestas; cuando esa base no está construida, el control avanzado hereda el problema en lugar de resolverlo, son dos problemas distintos que deben converger y ese orden importa”, explica Campana.

“Otro aspecto clave que suele recibir menos atención es el alcance de la optimización, una planta no se optimiza de forma aislada; buena parte de lo que limita a una concentradora se define antes, en la fragmentación y en la variabilidad geometalúrgica del mineral que recibe, por eso, una visión integrada de toda la cadena permite capturar mayores oportunidades de mejora”, añade.

A esto se suma una exigencia que un proyecto nuevo no enfrenta: expandir una operación minera activa obliga a ejecutar obras mayores sin interrumpir la continuidad operacional, lo que eleva de manera sustantiva la complejidad técnica de la operación.

Crecer sin detener la operación cambia las reglas, la continuidad operacional y la ciberseguridad industrial dejan de ser temas de soporte y pasan a ser condición del proyecto. Un plan de expansión que tiene costos de producción mientras se construye, no está capturando valor, lo está postergando.

En ese escenario, el aporte de un socio tecnológico no puede reducirse a entregar una herramienta más. Rockwell Automation trabaja con operaciones de toda la región en tres frentes: construir la base de datos e instrumentación que hace viable el control avanzado, integrar la decisión desde la mina hasta la planta en lugar de optimizar nodos aislados, y sostener la continuidad y la seguridad de la operación mientras la faena se expande.

“Nuestro trabajo no termina cuando el sistema queda instalado, termina cuando la operación cambió la forma en que se decide, y eso se mide en el turno, si la capacidad no queda instalada en la gente de la mina, el resultado se pierde apenas cambia el equipo”, concluye Sergio Campana.

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