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Mundial 2026 abre debate sobre gentrificación y legado urbano

La Copa Mundial de Futbol 2026 abre el debate sobre la aportación urbana, la gentrificación, el uso de plataformas digitales y la proyección internacional de la Ciudad de México. Estos temas fueron abordados en la mesa Infraestructura, Diseño y Mercadotecnia, realizada en el marco de la iniciativa institucional UAMundial 2026, impulsada por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

El foro contó con la participación de Pamela de Gortari, directora de Mercadotecnia en Digital Match México, y del arquitecto Francisco Haroldo Alfaro Salazar, director de la División de Ciencias y Artes para el Diseño de la Unidad Xochimilco. La mesa fue moderada por el doctor Ricardo Jimeno Espadas, profesor de la Unidad Xochimilco.

Durante la conversación, De Gortari destacó que México se convertirá en el primer país en la historia en albergar tres Copas del Mundo, condición que ofrece una oportunidad para fortalecer su presencia ante audiencias globales y mostrar una imagen distinta del país. “Hoy podemos demostrar de forma diferente de qué somos capaces los mexicanos”, afirmó.

La especialista señaló que, a diferencia de los mundiales de 1970 y 1986, la próxima edición estará marcada por el alcance de las plataformas digitales y las redes sociales, herramientas que permitirán compartir experiencias y acercar la cultura mexicana a millones de personas alrededor del mundo.

A su juicio, uno de los principales retos consiste en aprovechar la exposición internacional para construir encuentros significativos que trasciendan el espectáculo deportivo. “Lo importante como México es buscar campañas que dejen mensaje, que generen interacciones y que hablen no solo por vender”, indicó. Asimismo, estimó que el impacto del torneo dependerá de las historias y recuerdos que visitantes y aficionados se lleven consigo después de su estancia en el país.

Desde una perspectiva urbana, Alfaro Salazar planteó que los grandes eventos deportivos suelen dejar huellas en las urbes que los albergan. Recordó que los Juegos Olímpicos de 1968 y las Copas del Mundo de 1970 y 1986 estuvieron acompañados por obras de instalaciones, equipamiento y movilidad que transformaron distintos espacios de la capital.

Sin embargo, consideró que la edición de 2026 presenta características distintas pues no hay nuevas instalaciones. El académico explicó que, a diferencia de otros encuentros internacionales, la capital mexicana no impulsará grandes proyectos de desarrollo urbano asociados al torneo.

Aun así, sostuvo que el torneo constituye una ocasión para reflexionar sobre la forma en que se interviene y proyecta el área urbana. “Creo que a la Ciudad de México le falta todavía una visión que permita comprenderla para intervenirla en todas sus dimensiones”.

También advirtió sobre algunos efectos que podrían registrarse en zonas cercanas al Estadio Ciudad de México (antes Azteca), debido al crecimiento de inmuebles destinados al hospedaje temporal. “Es probable que una condición de ese tipo va a significar, entre otras cuestiones, la gentrificación de Santa Úrsula”, comentó.

Hacia el cierre de la mesa, los participantes coincidieron en que una parte fuerte de la justa futbolística ocurrirá fuera de los estadios. Calles, plazas y escenarios públicos concentrarán a miles de personas que seguirán los encuentros sin asistir a los partidos, por lo que su huella dependerá de la capacidad de la urbe para generar vivencias significativas y beneficios duraderos para habitantes y visitantes.

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