Por: Javier Esquivel. Los resultados de las encuestas y estudios de opinión pública se han convertido en el elemento más importante para la toma de decisiones en los asuntos públicos de esta nueva década donde cada vez más se hace valer el aforismo que dice que “Lo que lo no se mide, no se mejora”.
No existe estrategia de comunicación política eficaz y confiable si no cuenta con el respaldo de un diagnóstico científico del posicionamiento del o la aspirante a un cargo de elección popular.
Se puede presuponer el nivel de conocimiento, los saldos de opinión positivos o negativos que dominan en la escena digital y mediática, pero difícilmente, sin una encuesta profesional, se sabrá la verdadera valoración que tiene la población de una figura política.
Lo anterior, es bien sabido por las y los políticos serios; lo tienen claro, también lo equipos de asesores profesionalizados por el rigor académico, la capacitación y la experiencia para diseñar tácticas de negociación, discursos, posicionamientos legislativos e incluso construcción de agendas y mensajes para medios.
Sin embargo, sigue permeando la cerrazón en cientos de personas que buscan un cargo de elección en este proceso electoral. Por paradójico que parezca todavía hay quién posterga utilizar mecanismos de medición, a imprimirle seriedad, a dar seguimiento y rigor estratégico a su propia aspiración.
Quizá, ellas y ellos, que son incipientes en la política profesional confían más en su cálculo y tanteo o en la primitiva formación de sus equipos, pero tal vez el principal motivo sea que son personas dominadas por el miedo de ser medidos y evaluados y enfrentados con su propia realidad: La nula rentabilidad electoral e intrascendencia.
Las encuestas, también siguen influyendo en los electores. Algunos deciden apoyar al puntero de las preferencias, por la inercia de ser parte del equipo ganador; otros, en contra parte, deciden apoyar al segundo o último lugar de los sondeos por solidaridad y empatía.
Habrá incluso quien al percibir que su aspirante preferido no tiene muchas posibilidades de ganar, apoyarán a otra alternativa con tal de que no gane la opción menos deseada.
Las encuestas siguen siendo, se quiera o no, la principal fuente de información electoral de los tomadores de decisiones partidistas, de la sociedad civil, de los inversionistas y por su puesto de los electores.
No existiera la sobrerregulación y prohibición de las autoridades electorales a difundir resultados días antes de una elección, si no fuera así.
Analizar la influencia y relevancia de las encuestas en este mundo digital, mediático y altamente polarizado obliga a un ejercicio más profundo que los párrafos destinados a este espacio periodístico.
Sin embargo, sí es lo suficiente preciso para decir que, si no figuras en ninguna encuesta y decides retrasar la medición de tú verdadero nivel de conocimiento, aceptación e intención de voto, el hacer realidad tu sueño de ser la política que tu estado, municipio o distrito espera, es prácticamente imposible.
Es tiempo de conectar, comunica y convencer, pero con estrategia; estamos en campaña.
Apunte del consultor.
Áltica, casa encuestadora con sede en Querétaro, está a solo unas semanas de ganar los primeros lugares de las nueve nominaciones en los premios Reed Latino Awards que galardonan a lo mejor de la consultoría política internacional.
Buen arranque para la nueva firma mexicana especializada en la medición de la opinión pública, de capital y origen cien por ciento queretano y dirigida por brillantes profesionales del mismo estado.
@Javoesquivel

