Por. Elías Rosales. Así son las ironías del mundo moderno: ¿Imaginas comprar una propiedad que esté perdiendo valor a cada segundo? Que pierda su plusvalía.
Antes bastaba conocer la ley de la oferta y la demanda para comprender los precios de cualquier cosa. Principalmente porque eran objetos tangibles que se producían en serie en grandes fábricas. Con el paso del tiempo el valor de las cosas ha pasado a ser intangible: Las obras de arte no se cotizan en función del valor de sus insumos y las monedas virtuales se han convertido en la nueva alternativa al dólar en los mercados mundiales.
La mayor ironía está bajo nuestros pies. Se decía que la tierra, junto con el dólar, eran las únicas inversiones que no perdían valor, pero las nuevas dinámicas económicas han provocado que los precios de los metros cuadrados adquieran nuevas dimensiones y que los inmuebles pierdan valor con enorme facilidad. La seguridad, habitabilidad, accesibilidad y otros factores cobran importancia vital en las negociaciones de compra y venta de inmuebles.
Grandes desarrollos dinamizan el crecimiento de los polos de las ciudades, acelerando la llegada de nuevos habitantes. Nuevas colonias aparecen como por arte de magia, incluso más rápido de lo que los municipios pueden comprar nuevas patrullas, regularizar usos de suelo, abrir clínicas y hospitales, o aumentar la oferta del transporte público. ¿Imaginas comprar una vivienda residencial de más de 3 millones de pesos y encontrarte con que ni siquiera está garantizado tu acceso a servicios básicos como internet, agua y luz?
¿Qué pasa cuando un gobierno es incapaz de garantizar la seguridad, movilidad y calidad de vida a sus ciudadanos? Muy simple: la tierra pierde valor. Por eso la importancia de que los gobiernos estatales y municipales volteen a esos polos de crecimiento en los que gente de todo el país y del extranjero están poniendo su inversión y sus ahorros. De no ser así, aparecen las llamadas “burbujas inmobiliarias”, y los principales afectados son los inversionistas y residentes que además de pagar una hipoteca, tendrán que pagar el costo de vivir en zonas “residenciales” con los servicios básicos de un arrabal.
Y así es como en pleno 2023 seguimos viviendo ironías como que la renta de una vivienda no te alcance ni para pagar la hipoteca, o que el ingreso de la venta diaria no cubra ni siquiera los costos de operación y arrendamiento de tu local. En Querétaro y en el resto del país, urge plantear políticas públicas que solucionen los tres principales ejes de los que depende el precio de la tierra: seguridad, movilidad y calidad de vida.
Elías Rosales @eliasrosalesd
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Qué importante e interesante!