Por Javier Esquivel. Para nadie es sorpresa ni novedad que el tema del relevo presidencial será el tema que dominará la agenda mediática nacional de los próximos meses y que pondrá en segundo o tercer plano el seguimiento de los otros muchos asuntos de importancia.
En este contexto, no habrá que perder de vista el papel y la influencia que tendrá la comunicación gubernamental de los más de 20 estados de la República que gobierna el oficialismo y sus aliados en la construcción de un marco mediático y de opinión pública favorable rumbo a la gran elección.
Es altamente predecible que, durante los siguientes meses los planes y programas de comunicación de dichas entidades locales, intensificarán sus trabajos de persuasión informativa y propaganda de gobierno para resaltar logros y metas de la Cuarta Transformación.
Hasta ahora la estrategia de comunicación de las y los gobernadores han jugado un papel desarticulado como oferta política. Cada entidad ha enfrentado de manera individual sus propias crisis y coyunturas.
Las y los mandatarios no han participado con una estrategia de comunicación en bloque o integral que unifique criterios para conectar, comunicar y convencer a los ciudadanos de las bondades de su oferta transformadora.
La comunicación gubernamental oficialista solo ha sido coherente y unificada en los colores de la imagen institucional, en el apoyo de desplegados publicados en medios impresos y redes sociales de sus titulares en cartas abiertas a la opinión pública.
La pinta de bardas y colocación de espectaculares no pueden ser atribuibles a ninguno de los gobiernos o a sus áreas estratégicas de difusión a pesar de que miembros de la oposición supongan lo contrario.
Los gobiernos estatales han emulado sin éxito algunas tácticas del Ejecutivo Federal en materia comunicativa. Han trasladado y tropicalizado algunas prácticas como las frecuentes conferencias de prensa y las narrativas de ataque y contraataque.
El comunicar improvisadamente y por separado no solo les ha mermado en la valoración que hace la ciudadanía de sus gobiernos, sino que también han dejado desarticulado cualquier intento de comunicación correlacionada con los ámbitos municipales que les sume adeptos como partido político.
Es evidente que hay una separación comunicativa entre los gobiernos estatales y municipales a pesar de que mucho de ellos corresponde a las capitales de sus estados. Es la comunicación presidencial la que les ha otorgado salvamento y visibilidad.
No obstante, hoy se le presenta la oportunidad al oficialismo de unificar tácticas de comunicación gubernamental en los tres órdenes de gobierno que les permita darle cohesión, uniformidad y continuidad a la oferta social que representan y a las causas ciudadanas que abanderarán para los próximos años.
El no hacerlo sería un error estratégico, pero el hacerlo de manera errónea, improvisada y burda sería no solo una violación a la norma sino tendría también un efecto bumerán.
El dividir narrativas y separar conceptos estratégicos de comunicación gubernamental y electoral no solo frenará la transferencia de los activos de popularidad y aprobación presidencial, sino que será una puerta abierta de oportunidad para la oposición de mantener o ganar un alto número de los estados que estarán en disputa.
Sin duda, los próximos meses son clave para la construcción no solo de una comunicación de gobierno de cierre de sexenio sino la edificación de una estrategia de comunicación política de gran calado.
Veremos si lo logran o dejarán pasar la oportunidad que difícilmente se repetirá en el próximo sexenio.
Apunte del consultor.
La pregunta ronda con mayor intensidad: ¿Y la oposición? Quizá sea momento que alguien les avise que van perdiendo en el marcador y que el juego ya comenzó.
@javieresquivel.
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