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la verdadera alerta es que México no está preparado para cuidar a sus adultos mayores

Este 28 de agosto se celebra en México el Día del Abuelo, pero más que una fecha para festejar, advierte Amparo Labastida, socióloga y especialista en el estudio del envejecimiento, debería ser una fecha para reconocer a quienes hoy sobreviven “más allá de la edad simbólica de los 65 años” que marca el acceso a la Pensión de Bienestar. Se trata, además, de un fenómeno mundial: por primera vez en la historia de la humanidad, la población de 60 años y más supera a la de niños de 0 a 5 años. En México, el grupo de población que más crece es el de 80 años y más, con todas las implicaciones de salud, asistencia y cuidados que eso conlleva.

“Hoy hay mil millones de personas mayores en el mundo, y sin embargo seguimos sin saber bien cómo llamarlas: ¿ancianos, adultos mayores, personas mayores, viejos? Esa complejidad para nombrarlas habla de la dificultad que tenemos como sociedad, para verlas y atenderlas”, explica Amparo Labastida. Amparo enmarca la problemática del envejecimiento en seis grandes ejes:

Los cambios demográficos, con ciudades que se vacían y un reemplazo generacional cada vez más lento.
La salud, marcada por la caída en la fecundidad, el aumento en la esperanza de vida y la pérdida gradual de autonomía.
La transformación de las normas sociales, con nuevos tipos de familia y vivienda.
La situación económica, con las pensiones y la jubilación como pendientes.
Un componente de género, pues las mujeres mayores figuran entre las minorías más pobres del mundo.
El maltrato, que puede ser psicológico, económico, físico, por negligencia o abandono.

El INEGI reportó en 2024 apenas 1,096 unidades económicas dedicadas al cuidado de personas mayores en todo el país, de las cuales solo 109 están en la Ciudad de México y de éstas, el 85% son del sector privado. Además de esta problemática que refleja lo poco atendido que está su bienestar, en México se suman otras que son urgentes de atender:

Economía y pensiones: 55% de la población mexicana trabaja en la informalidad, por lo que no tendrá acceso a una pensión ni a la jubilación.
Vivienda y cuidados institucionales: la escasez de asilos y residencias es insuficiente frente a la demanda. Las listas de espera para ingresar a estos espacios son en muchos casos, de años.
Servicios de salud dignos: conforme aumenta la edad crecen también el deterioro, los cuidados especiales y el consumo de medicamentos.
Cuidados no reconocidos: el INEGI señala que en México hay 7.6 millones de personas cuidadoras, la mayoría mujeres, en un trabajo que todavía no se reconoce legalmente como tal. Y es que en la mayoría de los casos, quien cuida a los adultos mayores es la hija, que atiende simultáneamente a sus propios hijos, a su padre o madre, a su esposo, a su suegro o a sus nietos.
Espacios para vivir los últimos días de manera digna: sin un lugar digno donde vivir la última etapa de la vida, la garantía de los derechos de las personas mayores seguirá siendo una promesa incumplida.

El llamado para atender dichas problemáticas, no puede quedarse solo en manos del Estado. Como sociedad y como familias, urge actuar no solo porque todos seremos adultos mayores algún día, sino, sobre todo, por quienes ya lo son hoy y necesitan de una red de apoyo real, presente y constante.

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