Por Juan Pablo Aguirre
El gasto público en educación es una prioridad de las políticas públicas en todos los países, debido a que es un proceso de transformación social al permitir la formación de capital humano que permita una inserción con mayor calidad y productividad en el mercado laboral.
La inversión en educación por parte de los gobiernos también generan beneficios como la superación de la pobreza, formación de la identidad nacional, mejora del bienestar, entre otros.
Si bien el monto del presupuesto público en materia se educación es importante, la optimización de ese gasto, y la eficiencia para buscar la calidad educativa también son fundamentales para el aprovechamiento tanto de la sociedad como de las personas.
Al respecto, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) dio a conocer el estudio Education at a Glance 2025 destaca que el gasto público por estudiante en México es menor a cuatro mil dólares anuales, ocupando el penúltimo lugar de los países miembros. En comparación, el promedio de otros países de la OCDE es de 12 mil 438 USD.
De acuerdo con esta medición, los países que más invierten presupuesto público en la formación de sus estudiantes son Luxemburgo, Corea del Sur o Suiza, que destinan más de 21 mil dólares al año por cada alumno. Otros países de América Latina incluidos, y por orden de mayor monto destinado por educando fueron Chile, Costa Rica, Argentina, Brasil, México y Perú. Cabe destacar que del grupo de países analizados, los seis latinoamericanos están ubicados entre los 10 países que menos recursos monetarios destinan a este rubro.
Pese a que las y los estudiantes mexicanos reciben menor cantidad de presupuesto público para educación en comparación con las potencias económicas mundiales o algunas naciones de América Latina, el Gobierno de la República realiza diferentes esfuerzos para invertir en este derecho humano a la educación.
En este sentido, el presupuesto 2026 en la materia es un monto histórico al contar con 1.1 billones de pesos para el presente año, a fin de cubrir los niveles básicos, media, superior, becas e infraestructura de planteles.
De acuerdo con la propia información de la Presidencia de la República, esta cantidad monetaria es 7.1% mayor en términos nominales y 3.4% en términos reales en comparación con lo destinado en el año inmediato anterior.
Si bien el presupuesto nacional en educación para 2026 equivale a 4% del Producto Interno Bruto (PIB), algunas fuentes destacan que no es suficiente para fortalecer la calidad educativa en México. En ese sentido, el Instituto Mexicano para la Competitividad A.C. (IMCO) alertó que la educación superior (licenciaturas y posgrados) ha tenido una caída de 40% del financiamiento público en términos reales desde 2015, lo cual afecta el desarrollo profesional y de formación en recursos humanos para las y los estudiantes mexicanos. No obstante, este organismo también reconoció que la educación básica recibirá la mayor cantidad presupuestal del siglo XXI, en gran medida por la universalización de la beca Rita Cetina, enfocada a defender el derecho humano a la educación para todas y todos los estudiantes de nuestro país.
La educación es una de las necesidades más importante para todas las personas, y uno de los tópicos indispensables para el desarrollo humano y social. También es una obligación por parte de los Estados, a fin de brindar condiciones para mejorar las habilidades de las personas mediante el aprendizaje.
En ese sentido, algunos países de América Latina como Costa Rica han priorizado a la educación dentro de las políticas públicas, lo que ha coadyuvado a mejorar la calidad de vida de las personas. Si bien para México y otras naciones de América Latina hacen grandes esfuerzos para destinar recursos en este rubro, la competencia frente a las economías más avanzadas muestran un rezago en la competitividad, por lo que la formación de recursos humanos con calidad siempre brindará mejoras a escala nacional.
