La mitología griega cuenta la historia del Rey Tántalo, hijo de Zeus, que gozaba del favor de los dioses y se sentaba a los banquetes del Olimpo, sin embargo, traicionó su confianza robando el néctar de la ambrosía, alimento que daba la inmortalidad a los dioses.
Como castigo a su crimen, fue condenado a sufrir en el inframundo hambre y sed. Fue colocado en un estanque de agua cristalina que le llegaba a la barbilla, pero cada que se inclinaba a beber, el agua se retiraba, asimismo, frente a él había un árbol de exquisitos frutos, pero cada que estiraba su mano para tomar uno, el viento lo alejaba.
La economía mexicana se halla en un momento de definición histórica, oscilando entre el potencial transformador del nearshoring y los riesgos estructurales derivados de la política interna. Como una nación que se sienta a la mesa de la prosperidad global, México experimenta una peculiar versión del Dilema de Tántalo: el crecimiento y la inversión penden justo a su alcance, pero las aguas de la incertidumbre institucional amenazan con hundir el banquete. Trataré de explicarme.
A finales de este 2025, la economía presenta algunos indicadores externos aparentemente fuertes. Banxico ha sido el guardián de la estabilidad, manteniendo una Tasa de Interés de Referencia en niveles elevados alrededor de 7.25 %. Esta postura de prudencia monetaria ha sido la principal defensa contra la inflación, cuyo descenso ha sido gradual, aunque se mantiene en un rango aún superior al objetivo de Banxico. Consecuencia de esta política es la estabilidad del peso mexicano a lo que también abonan el diferencial de tasas con EUA, un atractivo para el capital a corto plazo, un comercio internacional dinámico gracias a la apertura comercial y el TLC impulsado por gobiernos señalados de neoliberales, remesas récord y la expectativa de Inversión Extranjera Directa (IED) por el nearshoring.
Por otro lado, a pesar del maquillaje de cifras y alteración de la métrica original, el mercado laboral refleja datos aceptables. El aumento al salario mínimo ha inyectado poder adquisitivo a la base de la pirámide, lo que impulsa el consumo interno. Sin embargo, estos indicadores son insuficientes, ya que el crecimiento del PIB para 2025 será del 0 %.
Por el contrario, la estabilidad externa contrasta con el deterioro de la disciplina fiscal. La culminación de proyectos insignia y el aumento en el gasto social han impulsado el Déficit Fiscal a niveles inusuales (estimativamente 4.3 % del PIB para 2025).
La deuda pública se ha incrementado como nunca en la historia. El gobierno enfrenta el desafío ineludible de la sostenibilidad fiscal, o bien, se implementa una impopular, pero necesaria Reforma Fiscal para ampliar la base de contribuyentes o se corre el riesgo de que el peso del servicio de la deuda termine por desplazar la inversión productiva.
No obstante, es en el Factor institucional donde la oportunidad del nearshoring choca con la realidad del riesgo político interno. La percepción de los inversionistas no solo se basa en números, sino en la certidumbre jurídica y la división de poderes.
El nearshoring exige energía abundante, confiable y, crucialmente, limpia. La política energética, centrada en el fortalecimiento de PEMEX y CFE y el freno a la inversión privada en energías renovables, se ha convertido en el principal cuello de botella.
Las grandes corporaciones transnacionales tienen mandatos de Sustentabilidad. Si México no puede garantizar el suministro de electricidad generada por fuentes limpias (solar y eólica) a precios competitivos, simplemente elegirán otros destinos con marcos regulatorios que permitan la inversión privada en generación.
La reforma constitucional al Poder Judicial, que establece la elección de jueces y ministros por voto popular, es percibida por el mercado como la principal amenaza al Estado de Derecho. La independencia judicial es la última línea de defensa para la protección de contratos y los derechos de propiedad. Si el PJ se percibe como vulnerable a la politización, la certeza jurídica desaparece. Las instituciones financieras internacionales han reaccionado con nerviosismo, anticipando un incremento en la prima de riesgo, lo que se traduce en un mayor costo de capital para las empresas mexicanas y una reconsideración de los planes de IED a largo plazo.
El Dilema de Tántalo se manifiesta aquí en su máxima expresión: las inmensas oportunidades económicas (la fruta del nearshoring y la integración global) están al alcance, pero el temor a la inestabilidad institucional (el agua que se retira) impide que la nación beba de esta fuente de prosperidad.
La filosofía económica moderna enseña que la confianza es la divisa más valiosa. La confianza se construye sobre dos pilares: la predictibilidad macroeconómica (inflación baja, finanzas ordenadas) y la institucionalidad (reglas claras y jueces independientes).
La verdadera riqueza de una nación no reside solo en su PIB, sino en la calidad de sus instituciones. Si el país opta por sacrificar la certidumbre jurídica en aras de una mayor concentración del poder político, la inversión a largo plazo se retraerá, transformando el potencial del nearshoring en una oportunidad fugaz y dejando a México en la mediocridad económica.
Presidente de la Academia Mexicana de Educación
Te puede interesar: El diagnóstico de Zedillo sobre la muerte de la Democracia
